Pues si, aquí estoy de nuevo para plantear ideas ecológicas que cualquier empresa con visión futurista podría copiar para hacerse rica a mi costa (entiéndase por mi costa la bañada por el Atlántico).
Después de horas en las que no fui capaz de pensar nada más que en banalidades, dos imágenes se fueron acercando para fusionarse en la más perfecta de las armonías: sulfatadora + aspiradora. La felicidad recubrió la concepción de este engendro pues satisface la necesidad humana y la correcta gestión de las energías.
Os explicaré brevemente de que se trata. Por si alguno no está familiarizado con el término debo aclarar que una sulfatadora es un elemento muy utilizado en el campo para pulverizar sulfatos diluidos sobre plantas que se quieren preservar de ciertas infestaciones. Su funcionamiento es harto sencillo, mediante la acción manual de una palanca se crea presión en un depósito que contiene el líquido, el cual escapa pulverizado a través de una manguera flexible que suele acabar en una lanza para una aplicación más precisa y sencilla.

Dejemos eso “rebotando en la cabeza”. Ahora, dada la ineficacia de las escobas y recogedores españoles, gran parte de la población mundial de los países desarrollados se plantea y, en la inmensa mayoría de los casos, materializa la compra y uso de aspiradoras. Hay que reconocer que es un método mucho más cómodo, rápido y efectivo para reunir la suciedad de un hogar y enviarlo a la basura (aunque más tarde regresará, ya que lo único que hacemos es crearnos la ilusión de que lo eliminamos cuando solo lo movemos espacialmente). Por desgracia este electrodoméstico, sólo superado por la plancha, es el mayor consumidor de energía que nuestras casas han albergado jamás.
Uniendo las dos premisas anteriores llego a la conclusión. Si alguien inventara una sulfatadora de mochila (como suele ser la gran mayoría) que en lugar de hacer presión positiva la hiciera negativa (eso es, que absorba) obtendríamos una aspiradora ecológica. Además se evitaría el siempre engorroso cable.
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